Cuatro acordes de guitarra, un par de lagrimas brotan por su rosto nada más oír el primero. Media sonrisa al recordar. Una foto en blanco y negro. De ese mágico lugar, en ese preciso momento, ese día, aquella hora. Un grito a media voz. Cruce de miradas inesperado. Un viento cálido, en un día soleado. Un boceto de un dibujo inacabado. Otra lagrima, y un simple folio en blanco.
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